Dos sombras se encuentran en un oscuro banco del Parque del Príncipe. Es medianoche y parece que la reciente bajada de temperatura no parece perturbarles mucho. Ellos, al igual que el frío, también acaban de llegar y no tienen intención de marcharse a ninguna parte. Una de esas sombras, altiva y sonriente, entrega dos objetos a la sombra pausada de semblante severo, la cual las contempla asintiendo.
-    Bien, bien Marco… pero yo te pedí otra cosa más.

El joven Ragabash asiente y sonríe.
-    Y la tendrás, en breve tu petición vendrá a hacernos una visita.

La mirada del Philodox no se muestra del todo complacida, pero asiente mientras se guarda el colgante en el bolsillo, tras contemplarlo con ojos expertos. Un bonito colgante que representa la cabeza de un lobo, con una curiosa forma en su parte baja, como si otra pieza más encajara con él. Distraído comienza a hojear el diario del profesor Sebastián, como quien contempla sin mucho interés las instrucciones de un nuevo aparato electrónico.
-    ¿Cómo los has visto Marco?


Los ojos azules del cachorro dudan un instante, pero se centran.
-    Muy bien Vitaly, al principio algo perdidos. ¿Quién no lo estaría? Pero fueron lo suficientemente sabios para escuchar solo las mentiras que les benefician y lo bastante fuertes como para saber cuándo pedir ayuda a un Señor de la Sombra.

De nuevo la sombra más severa asiente.
-    Bien, bien… ¿Traerán problemas?

El Ragabash se ríe para sí.
-    Oh sí, seguro que no han entendido del todo aún porque hice lo que me pediste.

El Philodox sonríe pícaro con un toque lúgubre, mientras se enciende despacio un cigarro.
-    Que vengan pues, Abuelo Trueno estará encantado de proporcionales sabiduría para entenderlo.

Realizado por: Eugenio