Nunca olvides lo mucho que te amo.
Nunca olvides mi admiración por ti,
Acuérdate cuando te enamoraste de mí y yo de ti.

Nunca dejes que nos hagamos daño, ni que maltratemos nuestros corazones.
Nunca te alejes de mí y no dejes que me aleje de ti.

Nunca dejes hundirme en la agonía
Nunca dejes que te invada la tristeza
Recuerda siempre nuestros momentos felices, y apóyate de ellos.

Nunca dejes de abrazarme,
Nunca olvides besarme.
Estaré aquí para siempre.

 

El edificio era enorme. Estaba levantado en medio de una finca con un paisaje y una vegetación bien cuidada. Nadie diría que lo que ocurre en su interior tiene algo que ver con tal lustrosa imagen. Su construcción se diría que podría ser antigua, dando esa sensación de caserío imponente durante el día y escalofriante durante la noche. Tan solo verlo desde fuera ya daba pavor.



El simple recuerdo del interior del orfanato me trae escalofríos. Largos pasillos oscuros con ruidos incesantes de casa vieja. La sensación de que cada noche podía ser la última en la cual cierras los ojos y no los volvieras a abrir era demasiado patente. Yo era demasiado joven y ya pensaba en cómo sería la muerte y que habría después de ella. ¿Y si no había nada más? ¿Y si solo me esperaba la oscuridad eterna?



Yo era una enfermera enamorada de mi trabajo. Una mala praxis me llevó a estar condenada sin empleo, hasta que me ofrecieron esta oportunidad. No podía decir que no a tal boleto de lotería con la cantidad de ceros que había en el talonario. Me prometieron un buen empleo, buena paga y compañeros interesantes. Era difícil resistirse hasta que comencé a entrar más y más en el proyecto.


El personal era excéntrico. Los profesores cambiaban cada año, a veces cada trimestre. La educación impartida era paupérrima y además a ellos no se les veía cómodos aquí. La mayoría del personal era sanitario y era reemplazado continuamente. Pocos se quedaban mucho tiempo. Y luego estaban los gritos de los fines de semana. Esos chillidos que anunciaban la celebración, el lunes de que alguien había sido adoptado. Pero que nunca se les volvía a ver.

 

Al principio me exaltaba. Toda esta situación me superaba, pero ya me dijeron mis contratistas que por mi confidencialidad no había marcha atrás. Los de arriba se portaban muy bien conmigo, pero la situación del día a día era insostenible. Para colmo, era interna. Esos gritos se te metían en la cabeza y no salían con facilidad. No nos dejaban participar a algunos en esos supuestos reconocimientos médicos, a los mismos que no nos permitían participar en algunos trámites de las adopciones.

 

Hubo veces que pensé que los niños estaban sufriendo, que algo oscuro estaba pasando aquí. Pero con el paso del tiempo, la situación se normaliza. Los chillidos de esos pequeños siguen haciendo eco dentro de mi cabeza, sigo sin descansar en paz cada noche.  Y para colmo, mi situación personal estaba estancada. ¿Cómo confinada entre esas paredes día y noche podía tener a alguien para mí?

 

Pero las oraciones y quejas fueron escuchadas. Apareció él, cuyo nombre ni tan siquiera mencionaré. Un médico, un galán. Me conquistó al momento y me rendí rápido a sus encantos. Tanto tiempo esperando tuvo también mucho que ver. Pero como toda burbuja de felicidad, estalla rápido y se disuelve hasta no dejar nada. No era más que un desgraciado que me quería por mi cuerpo, y así fue saltando de mujer en mujer entre las que estábamos en el personal. Acabó llegando demasiado alto, siendo jefe del personal sanitario. Una palabra fuera de lugar y podías llegar a tener reprimenda física. Por desgracia estaba así estipulado en el contrato.

 

Acabé ahogando las penas hacia dentro. No encontraba a nadie que me quisiera. Ningún ser de este planeta tiene el suficiente aguante para entenderme o tan siquiera poder conversar conmigo. He perdido la esperanza desde que él me abandonó. Nunca fue mi culpa. Él solo pensaba en satisfacer sus necesidades físicas.

 

Vi claro que nunca me quiso, pero mi problema es que yo a él sí. Un embarazo y un aborto. Ambos en secreto. No fue algo fácil de superar, ni una ruptura normal. Él me coaccionó para asesinar al fruto que llevaba dentro, el producto de lo que yo creía amor entre los dos. Pero hizo bien en no sobrevivir, nunca habría tenido un padre. Aquel ser, ahora mismo no podría ni siquiera llamarse hombre.

 

Nadie llegaba a la mayoría de edad dentro del orfanato. Algunos intentaban escapar y al resto lo adoptaban. Nunca, jamás se vio a alguien salir por su propio pie a los dieciocho años. Si ha habido casos de gente que se ha escapado y ha vuelto, pero de repente, pronto eran adoptados, casi al día siguiente. ¿Casualidad? No lo creo. La realidad era que estaba pasando algo gordo.

 

Algunos de esos pequeños los considerábamos casi como hijos del tiempo que pasábamos con ellos. ¿Cómo he podido en convertirme en lo que soy ahora? Buscaba consuelo muchas veces en la directora del centro. Ella era una piadosa de Dios que buscaba lo mejor para todo y daba grandes consejos. Me hizo romper horizontes y tener nuevos puntos de vista. Seguro que ella entendía que estaba pasando realmente en este lugar.

 

¡Mira ahora en que me he convertido! El pensamiento fluye rápido por mi cabeza sin llevar nada bueno a mis extremidades o acciones. ¡Mira lo que soy! Espero detrás de la nada a que esta pequeña sea como yo. Sujeto el filo de su final porque es posible que ella pueda descansar en paz. Ya no hay salvación para mí. Sino será una más. Serás como yo, a mi imagen y semejanza. Dios así lo pide. Dios así lo dicta. Solo espero el momento, para arrebatarle la vida y dejar seco su cuerpo, para que su alma al fin sea libre.

 

Nunca olvides lo mucho que te odio.
Olvida mi admiración por ti,
Acuérdate cuando me mataste y cuando yo de ti.

Deja que nos hagamos daño, que maltratemos nuestros cuerpos y corazones.
Nunca te alejes de mí y no dejes que me aleje de ti.

Húndete en la agonía
Deja que te invada la tristeza
Recuerda siempre nuestros momentos, y apóyate de ellos.

Nunca dejes de abrazarme,
Nunca olvides besarme.
Estaré aquí para siempre.